domingo, 16 de mayo de 2010

La princesa (II)

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Cae la noche y necesariamente tiene que dejar de leer porque no dispone de velas ni candil. Se levanta y vuelve a ir hacia la ventana, abriéndola de par en par, ya que es de noche y la luz de la luna es mucho más tenue que la del sol y no le daña tanto la vista. Además, en la noche pasan cosas mucho más interesantes que por el día, hay mucha más actividad, aunque más sitil, claro.
Observa desde la ventana el jardín de palacio bañado todo él por la luz plateada de la luna. Sonríe levemente, pues los sonidos de fuera invitan a la relajación, y en combinación con el aroma dulce del azahar, el ambiente se hace perfecto.
Cierra los ojos y deja que ese agradable y dulce perfume la embriague.
Al cabo, abre los ojos como si acabara de despertarse, con la misma lentitud...pero ésta vez disfrutando de una maravillosa vista. Pero... ¿Qué es eso que se esconde? Parece ser que algo ha aparecido en su espléndida vista, algo que antes de cerrar los ojos no estaba.
Parece...¿una persona? No alcanza a verlo con claridad porque está escondido entre varios naranjos y la luz de la luna apenas se filtra entre sus hojas. Pero apostaría lo que fuese a que se trata de una persona.

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